9/07/2006

Tras el debate sobre El Líbano: un análisis catalán previo

Tras ver y oir atentamente el debate sobre el envío de tropas españolas a El Líbano, no carece de interés anotar el texto La fractura libanesa, un episodi més, escrito en el españolísimo idioma catalán por el Col·lectiu coronel Macià, firma habitual en el Centre d'Estudis Estratègics de Catalunya (CEEC).
Desde una óptica nacionalista catalana, incluso radical, este texto avisa sobre los riesgos de fractura en el sentido de Estado que han de compartir los dos principales partidos políticos españoles, el PP y el PSOE y los entornos académicos que giran en sus respectivas órbitas.
Si hasta quienes, desde la restauración democrática en España, se han mostrado ajenos a los asuntos españoles de Seguridad y Defensa avisan sobre ese riesgo real, ello debería mover a reflexión y acción por parte de todos para limitarlo al máximo.
***
Dicho esto, el CEEC publica noticia de la presentación por parte de la empresa germana Krauss Maffei Wegmann del vehículo Leopard 2 PSO (Pacification Support Operations), fuertemente influido por la modernización ejecutada por Suecia sobre sus Leopard 2 adquiridos de segunda mano al Bundeswehr.
En su versión PSO, el sistema Leopard 2 no pierde sus capacidades principales, siendo optimizado para su empleo en pequeño número en zonas de alto riesgo como lo es el entorno urbano.
Las guerras híbridas que seguirán aflorando de muy diversos modos y con evoluciones casi impredecibles.
Quien considera, como servidor, que los medios y mentalidades convencionales son poco útiles para ganar ese tipo de guerras, ha de reconocer que esta aportación técnica abre una puerta a la conservación en servicio eficiente de sistemas de armas pensados sólo para batir al enemigo 'convencional' soviético.
En todo caso, el Leopard 2 PSO es una solución, tal vez transitoria por largo tiempo, a estudiar para cubrir necesidades muy reales de los combatientes sobre el terreno, para afrontar todo el espectro de conflictos y misiones.

1 comentario:

Fabio Mäximo dijo...

Pese a que cada vez son más las voces que advierten sobre la muy cuestionable deriva que están tomando muchos ejércitos occidentales, no parece que los llamados “procesos de transformación” vayan a detenerse o a reorientarse como debiera. La madre de todas las “transformaciones” es los Estados Unidos en un ya largo proceso en el que se engarzan la RMA y la Transformación. En términos muy sintéticos, la concepción básica de la transformación norteamericana se podría dibujar en unas pocas ideas básicas:
1ª Mirar al otro lado de la colina. Los estrategas militares y políticos norteamericanos están firmemente convencidos, al menos la mayoría de ellos, que el desarrollo tecnológico de los complejos de Mando, Control, Comunicaciones, Vigilancia, Obtención y Procesamiento de Información, etc. permiten y permitirán cada vez más y mejor “ver al otro lado de la colina”, superando una de las mayores y más clásicas limitaciones a que se han visto sometidas las operaciones militares a lo largo de la historia de la guerra. De ahí el énfasis en la adquisición y dotación de equipos informáticos, satélites de observación y reconocimiento, vehículos aérea y navales no tripulados, inteligencia electrónica, y un largo etcétera.
2ª Sabiendo lo que hay al otro lado de la colina, ya sólo queda destruirlo sin necesidad de subir a la colina. De nuevo la tecnología, por medio de la disposición de armas guiadas de precisión y largo alcance, permitirá batir al adversario sin llegar al combate cercano. Además, ello proporción a la ventaja añadida de ahorra vidas humanas propias y de minimizar los daños colaterales, humanos y materiales. Y finalmente, al equiparse con armas de precisión y largo o muy largo alcance se supone que las fuerzas propias no requieren altos niveles de protección, ya que la información, la potencia de fuego y la movilidad pasan a ser los factores más relevantes. De ahí el énfasis en la adquisición de esta clase de armas y las previsiones sobre futuros sistemas de armas terrestres caracterizados por su ligereza y alta movilidad.
Claro está que luego la realidad, tozuda y poco previsible –como siempre en la historia de la guerra- esta poniendo en entredicho tan esplendoroso panorama. Toda la panoplia de medios tecnológicos que conforman eso que se ha dado en llamar “inteligencia electrónica” están acreditando sus fuertes limitaciones, como se ha demostrado y se está demostrando en Bosnia-Herzegovina, en Kosovo (en donde unas simples y previsibles condiciones climatológicas “ensuciaban” sobremanera la identificación y localización de los objetivos, una de las razones por las que las milicias serbias escaparon casi intactas, en ambos casos, de las respectivas ofensivas aéreas), en Afganistán y en Irak (en este último caso, la abrumadora superioridad tecnológica norteamericana se está demostrando altamente incapaz de garantizar siquiera la seguridad de las tropas y, todavía menos, de la población civil bajo su responsabilidad). Lo mismo cabe decir de la potencia de fuego, implacable cuando los adversarios cometen el error de hacer frente a los fuerzas aliadas en términos de guerra convencional –aunque sea en entornos urbanos- pero muy poco resolutiva cuando recurren a algo tan sencillo, barato y “antiguo” como tácticas de guerra irregular, de la que el terrorismo siempre ha formado parte.
Entre tanto, y siguiendo mejor o peor la estela norteamericana, también en Europa se está optando por la reducción de efectivos humanos en las fuerzas armadas, en la creencia de que una mayor dotación de tecnología por uniformado compensará sobradamente la disminución del número de hombres y mujeres en armas. Y, por supuesto, se continúan adquiriendo costosísimos sistemas de armas (como carros de combate de última generación, vehículos de combate de infantería de ídem, fragatas oceánicas diseñadas para derribar cazabombarderos supersónicos en mar abierto, aviones de combate optimizados para el combate aire-aire –véase el EFA-, y un largo etcétera), sistemas todos ellos de los que es lícito dudar de su adecuación a los escenarios estratégicos, operacionales y tácticos que emergen ante nuestros ojos y emergerán en un futuro previsible.
Dicho a modo de sentencia y de recomendación: ¡Menos tecnología y más fusileros!