6/13/2007

Un día en la vida de Alexandr Isáievich... mi memoria. Un recado a Juaristi

Esta mañana me he levantado, y como tengo por costumbre antes de desayunar con el ABC, he leído los titulares de El País.

Encontré este: Vladímir Putin reconoce la labor del autor disidente Solzhenitsin.

La primera vez que supe de Alexandr Isáievich, fue a través de la entrevista que José María Iñigo le hiciera en la TVE de Franco. Al niño que yo era, educado en el decente silencio de una familia que había vencido en la guerra civil sin medrar después, le impresionó ese viejo ruso. No tardé en leer, primero, Agosto 1914... No me hace falta, pero lo agradezco infinito, el comentario sobre las consecuencias para él mismo que tuvo esa visita con entrevista que hace Juan Pedro Quiñonero.

Mucho más tarde, cuando servidor estudiaba con condiscípulos trotskos, maos y hasta eurocomunistas, sin excluir a los de la revolución pendiente de derechas, a los que hoy tengo más o menos localizados en burocracias públicas y privadas, me impresionó también la figura del cabeza de chorlito de Fernando Claudín.

Nadie sirvió a Stalin y dejó de arrostrar las marcas. En el metro del Madrid de los ochenta, Claudín era un viejo meditabundo... que parecia un viejo ruso, ciertamente. Lo vi, también, y me sumé a su grupo en manifestaciones contra el terror, multitudinarias... recuerdo muy bien la que siguió a la matanza de la Plaza de la República Dominicana...

El otro cabeza de chorlito, Jorge Semprún, en su memoria recuperada en espiral de libros en los que también me dió traza de la red Buckmaster, me enseñó que lo importante en el Lager, era saber trabajar con las manos, tener conocimientos de ingeniería y, sobre todo, hablar alemán. Exáctamente así le sucedía -le sucedió- a Alexandr Isáievich en el Gulag: salvó su vida, durante su segundo ciclo de estancia, al traducir e interpretar lo que tuvieran que decir los ingenieros alemanes capturados en 1945...

Llegué, más o menos formado, a trabajar académicamente con el coronel Planells. Producto publicado de ello fue un ensayo, donde aparecía algo que hoy conocemos como Putin:

  • Jorge Aspizua Turrión. "Agosto 1991: el renacimiento de una nación", en VV.AA. La función de las Fuerzas Armadas ante el panorama internacional de conflictos. Monográfico de Cuadernos de Estrategia n? 56. Instituto Español de Estudios Estratégicos-CESEDEN. Publicaciones del Ministerio de Defensa. Madrid. Octubre 1992. pp. 145-156.

El bueno de Planells sólo me dió una directiva: "Lee a Anatoly Rybakov".

Ambos, deseo creerlo, gozan hace tiempo de la contemplación del rostro de Dios, en el que humilde y fervientemente creían, cada uno a su modo, tan lejanos de Stalin, de Hitler... de tantos endiosados mayores o menores...

No recuerdo si antes o luego.... intuía que Alexandr Isáievich terminaría bendiciendo a Putin ... o viceversa.

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Tengo que seguir cumpliendo con mis deberes para conmigo y para con los demás.

Me voy a Toledo, unos días "nomás".

De momento, anoto lo escrito por la gran Anne Applebaum en Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos (Barcelona: Debate: 2004):

"En 1998, la periodista ruso-estadounidense Masha Gessen relató lo que sintió a descubrir que una de sus abuelas, una simpática anciana judía, había sido censora, responsable de alterar los informes de los corresponsales extranjeros en Moscú. También descubrió que su otra abuela, otra simpática anciana judía, había solicitado un trabajo en la seguridad del Estado. Ahora, escribió, sabe por qué su generacion había evitado condenar a la generación de sus abuelos con demasiada dureza: 'No los denunciamos, no los procesamos, ni los juzgamos... al hacer tales preguntas, cada uno de nosotros se arriesgaba a traicionar a algún ser querido'; (pgs. 567-568; n. 5)

También, de Putin, escribe la Applebaum: "... se define orgullosamente como un chequista"; (pg. 568).

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Juaristi, coño, jaun: ¿podremos hablar de estas y otras memorias históricas y, si quieres, también del Himno Nacional, en "Las Llaves Halladas", programa emitido por Radio Sefarad.

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