4/29/2007

Contra ETA: de prejuicios hegemonístas y su necesaria liquidación


No hay nada peor en la acción política que actuar conforme a los propios prejuicios.

Las criminales existencia y acciones de ETA han ocultado muchos condicionantes y muchas constantes de la vida política española. También, han impedido observar las variantes que sutíl pero muy sólidamente se han introducido en los equilibrios de poder institucionalizado en el conjunto de España.

Uno de los condicionantes es el hecho, por lo demás feliz en la prócura del bien común, por el que todos aquellos que sirvieron al Estado surgido en torno a los componentes del régimen establecido con la victoria de 1939 no fueron ni molestados ni perseguidos al establecerse la democracia. Ni siquiera lo fueron aquellos que cometieron crímenes de toda índole -especialmente, económica- bajo su amparo, ocultando sus fechorías al clamar por la memoria de los dignísimos mártires -que los hubo- de aquella causa.

Una de las constantes, desde 1977, es que la derecha españolista es residual en Cataluña en términos electorales y de poder social, dependiendo en el País Vasco -y en Navarra- de la toma de postura de la izquierda articulada en torno al PSOE para, o lograr gobernar, o mantener los equilibrios de poder institucionalizado.

De las variantes novedosas surgidas bajo o tras el último mandato de Aznar cabe destacar dos:

1. En Galicia, desalojado del gobierno autónomo el Partido Popular, los equilibrios de poder institucionalizado se han tornado similares a los de Navarra, si bien menos dramáticos para los prejuicios españolistas que en el confederado y antiguo Reyno, y

2. En Madrid, prolongado sobre el eje del antiguo Reino de Valencia, se ha generado un reducto de intereses que, identificado con el prejuicio aznarí sobre lo que debe ser España, resulta ser a la postre tan centrifugador de la cohesión de España en tanto que nación política democrática como lo son las prejuiciadas proposiciones de los llamados nacionalismos periféricos.

Como resultado de estos y otro condicionantes, constantes y variantes, el PSOE resulta ser el único partido nacional con implantación constatable en todo el territorio nacional. Convertido el partido refundado por González y Guerra en aglutinador de todas las izquierdas, y de no pocos prejuicios "aparatistas", su particular y ensimismada ansia de hegemonía gramsciana se ve favorecida por la falta de comprensión ideológica y de coherencia en las propuestas que tiene el PP sobre la España que es.

Declaraciones como la recogida Alicia Castro asegura que la "versión oficial" sobre el 11-M es mentira, y que Rubalcaba oculta la verdad (28-03-07), embolados como el de Díaz de Mera -persona que traté hacia 1994 y del que me consta que no miente, sometido como está a las restricciones mentales, ergo prejuicios, de la derecha españolista- o la última entrega de Cosidó, hoy, Farsa y tragedia, facilitan, como si de actos de involuntarios Efialtes se tratara, tal tendencia en las filas socialistas, que son las mías.

Aznar tuvo la oportunidad de fijar que Contra ETA: a De Juana como a Hess.

No lo hizo, ansioso como estaba de fijar la particular y ensimismada hegemonía gramsciana de sus huestes y condicionado como sigue por cómo sus apoyos mediáticos generaron y gestionaron el escándalo de los GAL, incapaces todavía hoy de explicarse el 11-M.

El drama -esto es, la vida- continúa.

Despúes de las elecciones locales y autonómicas del proximo 27 de mayo, comprobados los apoyos electorales de todos y cada uno de los grupos de poder político en España, habrá una nueva ocasión, en la búsqueda del bien común, para limitar al mínimo los prejuicios y los intereses creados

Inexorablemente, para aprovechar democráticamente dicha ocasión, hay que liquidar a ETA... ni siquiera vale ya dejarla reducida a un GRAPO.

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Dicho todo lo anterior, una nota de interés general

Chávez, ese hombre, aliado con Ahmedinayab como el celtíbero caudillo ferrolano lo estuvo con Nasser y Castro con Leónidas Breznev, demuestra su incultura.

Chávez dice que Aznar es como Hitler.

Pese a que algún pontevedrés haya acusado, con similar incultura, a Zapatero de "deriva totalitaria", flaco favor se hará quién dé la callada por respuesta.

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